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Capitulo II: Amor en tiempos de redes sociales 🌱

¿Cree que las redes sociales nos han hecho más inseguros o románticos?

¿Las redes sociales han cambiado tu forma de amar o de vivir una relación?

¿Hacer pública una relación es una demostración de amor o una validación externa?

¿Qué duele más: perder a alguien o ver que sigue con su vida en línea?

¿Piensa que las relaciones pueden verse amenazadas por una reacción, una historia o un “visto”?

¿El amor propio se ha vuelto una tendencia de las redes sociales o un verdadero proceso interior?

¿Las redes sociales nos ayudan o nos impiden sanar?

 

 

¿Cuántos de nosotros no somos fieles consumidores de las redes sociales? Hoy en día, la mayoría de las personas en el mundo posee un perfil en alguna de las plataformas más conocidas, mismas en donde podemos encontrar un sinfín de información, personas, videos y todo tipo de contenido; pero sobre todo las recomendaciones de aquellos "gurús" que directa o indirectamente nos hablan de las relaciones sociales, —específicamente las románticas— y como debemos de vivirlas. 

Por eso que, en este capítulo, exploraremos más sobre como las redes sociales nos han influenciado desde el comienzo y al término de nuestra relación amorosa, así como aprenderemos juntos a reconocer como la constante exposición digital ha modificado nuestra manera de vincularnos, amar y vivir un duelo. así que, si se siente identificado, exploraremos como podemos reaccionar ante ello, no para el mundo… sino para usted mismo. 

El uso de la tecnología, y en particular las redes sociales, ha marcado un nuevo rumbo en la forma que ahora percibimos nuestras vidas. Y, por supuesto, el amor no está exento de ello. Nuestras relaciones románticas, el enamoramiento, las rupturas e incluso el duelo se han visto cambiados radicalmente bajo esta nueva era digital.

Hace un tiempo, antes de que nuestras vidas se volvieran "instagrameables", dónde no eran públicas ni perfectas, el amor podíamos entenderlo de otra forma. Amar parecía ser un acto más íntimo, menos expuesto y su valor parecía encontrarse entre los actos cotidianos de la pareja y no en la cantidad de mensajes que se envían diariamente.

Pareciera que hoy en día el amor más que un sentimiento, se ha ido convirtiendo en una validación constante de lo que sentimos a través de historias, fotos, conversaciones y reacciones; no sólo a quién amamos sino también hacia cómo pueden percibirlo los demás. 

Al parecer, lo que no se muestra o no se sube a redes sociales puede carecer de sentido y afecto, generando dudas y comparaciones. Apuesto a que usted que lee esto, se ha preguntado al menos una vez en alguna de sus relaciones: “¿Por qué no me manda mensajes así?”, “¿Por qué no me presume?”, “¿Por qué no somos tan felices como ellos parecen ser?". 

Las redes sociales durante un largo tiempo nos han vendido la ilusión de un amor "perfecto", el cual debe ser siempre bonito, romántico, flores, fotos y mensajes constantes. Un amor que pareciera no tener lugar a la parte real de una relación, como las dudas, los días distantes, las conversaciones difíciles o los silencios. 

¿Y qué me dice usted de lo que estas mismas plataformas nos enseñan sobre las rupturas amorosas y el duelo? Actualmente parece que el dolor que sentimos debe de mostrarse al mundo con cierta "elegancia", dónde se nos enseña que debemos de "sanar rápido", publicar una nueva foto, mostrar que esa pérdida no nos duele tanto, compartir frases emocionales como símbolo de superación e incluso, alterando nuestra propia realidad emocional bajo un falso discurso de amor propio.  

Al igual que en el capítulo anterior, decidí acercarme nuevamente a la comunidad para reflexionar sobre si este medio ha cambiado nuestra manera de amar. Las respuestas resultaron justo como lo imaginé, la mayoría coincidió en que, más que volvernos románticos o emocionalmente estables para generar un vínculos sanos y responsables, las redes han pasado a convertirnos una comunidad insegura

Si, así como lo lee, in-se-gu-ra. Inseguros de lo que damos, de si somos “suficientes”, si estamos dando lo correcto, y poco a poco comenzamos a dudar de nosotros mismos. Dudamos incluso si nuestra pareja nos valida con una historia, una reacción o un simple mensaje que indique que no ha desaparecido de nuestras vidas y aun nos ama. Y es que las figuras publicas o bien los llamados “influencers” también han impuesto ciertos estándares sobre como debería de verse una relación amorosa, casi ideal o hollywoodense, creando así ciertas etiquetas que aparentemente deberíamos cumplir si es que queremos ser dignos de amor o algún reconocimiento.

Por otra parte, esas mismas etiquetas e ideas que las redes sociales y sus usuarios parecen imponer, son cada vez más ingeniosas, pues entre estos discursos ha nacido el termino llamado “migajerismo”. Si lector, el mismo termino que usted al igual que yo y miles de personas presentes en las redes sociales hemos escuchado, ese termino que corresponde a la forma de afecto escasa, dosificada y superficial que muchas veces aceptamos por miedo a no tener nada, porque para muchos es preferible tener poco, aunque sea un poquito que quedarse con las manos vacías.

Y cuando el amor acaba, las redes hablan y es que parte del duelo era darnos el espacio para sentir, desaparecer por un momento del mundo y reencontrarnos con nosotros mismos. Hoy ese silencioso espacio parece imposible, pues muchas cosas de las que vivimos con esa persona han quedado registradas y nos lleva una herida que parece abrirse nuevamente a la distancia, con cada historia, cada publicación, cada foto, todo eso que nos recuerda que la vida sigue… solo que sin nosotros.

Por otra parte, nos enseñan que debemos “superar rápido”, cambiando la forma de vivir el duelo amoroso, nos pide aparentar fortaleza, mostrar que estamos bien sin siquiera realmente estarlo. Debemos de mostrar una versión más libre, renovada y feliz. Pero preguntémonos algo, ¿Qué pasa con el dolor? ¿A dónde queda? ¿En qué momento nos permitimos sentir nuestro duelo sin mascaras?

En lugar de sanar, nuestra tristeza y demás emociones se ven empujadas por la apariencia y parte del ego de demostrar que no dolió, que no hirió y que no estamos viviendo un duelo, porque actualmente el “luto es solo para los muertos”. Sin embargo, sanar no es un acto publico ni mucho menos, al contrario, sanar es un proceso intimo que estará ocurriendo lejos de su pantalla, cuando finalmente aceptemos que duele, que seguimos amando, que extrañamos, que el amor también se despide aún cuando viva con nosotros por un tiempo más.

El verdadero reto que enfrentamos —usted, yo y todos— es dejar de mirar hacia afuera buscando respuestas, porque la sanación no está en lo que otra persona publica o cree que debe de ser lo correcto, ni mucho menos en las frases emocionales de su feed de Instagram, sino en lo que cada uno de nosotros decide reconstruir internamente, cuando usted permite que el silencio vuelva a tener valor.

Tal vez las redes sociales no hayan cambiado el amor en sí, sino la forma en que ahora lo miramos. Nos acostumbramos a creer que lo público y visible realmente es lo que vale, que, si no se publica o comparte, no existe.

Cada relación, nuestras historias, la perdida, nuestra vida, merece su propio ritmo sin demostrar al mundo que amamos bien o mal, ni que estamos sanando rápido. Es importante recordar que el amor y la pedida, así como el duelo se sienten en el alma, sin testigos, sin filtros y sin seguidores.

Quizá el mayor acto de amor en esta nueva era, donde nuestras vidas se ven rodeadas por lo digital, sea volver a mirar hacía adentro, escuchar lo que sentimos, atrevernos a habitar el espacio de lo que hay entre lo que mostramos y lo que realmente somos.

Recuerde, usted es el escritor de su historia de amor, y esa, créame, no necesita likes para ser real y honesta. Esa la construye consigo mismo, a carne viva, siendo su propio testigo

Le invito a mirarse de frente y pregúntese, sin filtros ni pantallas: ¿Podría usted aprender amar, sanar y reencontrarse en el silencio… cuando nadie lo está mirando?

Porque los seguidores bajan, las historias caducan, pero lo que usted siente por sí mismo, eso sí, permanece.

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